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Mostrando entradas de mayo, 2013

ROSA Y EL TAXISTA

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                  El parque estaba desolado. Algún que otro transeúnte que lo utilizaba para acortar camino. Sus bancos recién comenzaban a desperezarse del rocío de la noche anterior que en forma de diminutas gotas bañaban sus húmedas maderas. Esta precisa mañana Rosa estaba radiante. En sus ojos se podía vislumbrar un inocente brillo que la hacía sublime, armonizando con su andar ágil y lleno de vida. Con toda seguridad no era la misma Rosa de antes, la que semanas atrás esperaba a la salida de su casa, la triste y apagada Rosa que daba la impresión que se movía porque el caprichoso viento la golpeaba por la espalda. Esta Rosa era otra, segura, enérgica, vivaz, y sin lugar a dudas llena de vida. Caminamos un buen tramo más por el paseo principal del parque, y en un banco cualquiera Rosa decidió que era el momento de sentarnos. __ ¿Te parece bien este? --me preguntó y sin decir palabra se lo confirmé con una inclin…

UN SIMPLE SENTIR

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Siento el amor oculto por debajo de mi piel y me es imposible palparlo con mis lamentos, mis temores, y los ocultos deseos que no dejo de percibir, pero aun así me regodeo, contemplo tu cuerpo y me éxito en cada diminuto espacio del día que me alagas con tu deslumbrante mirada.
Siento mis poros,   mis humildes inquietudes dentro de tu cuerpo y mi sexo se dilata en cada intento donde te propongo algo más que un pacto, una alianza que me lleve al rincón de tus miramientos para expresar que no te dejaré, que no me mantendré al margen de tus caricias y tus mañanas.
Te siento y me siento por encima de muchos y de todos, de menos y de más, de las eternas inseguridades que se desplazan en cada paso que damos, en los momentos efímeros y difusos que nos plantea el presente que no deja de gravitar a nuestro alrededor.
De tanto sentir me conmociono dentro de las sábanas blancas que rodean tus senos, sobre los pliegues indefinidos de tus aureolas que se contonean con cada palpar, con cada mimo y también con cada

CONFESIONES DESDE EL TÁLAMO

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ROSA Y EL TAXISTA
                                                        -- 13 --                      Las ilusiones se me vinieron abajo cuando supe que Rosa  había visitado en la cárcel a Ramón, por un instante sentí que los sentimientos de mi amiga jamás cambiarían respecto a este hombre que bien poco la valoraba como persona. Si Ramón chistaba, allí estaba Rosa, bajo sus pies, suplicándole, mendigándole amor, a este ser que no es más que un maltratador, sin el menor respeto por ella y por la hija de ambos, pero nada podía hacer que no fuese aconsejarla, y bien se sabe que los  consejos en estas circunstancias no son escuchados para nada, porque el sujeto que debe escucharlo lo ignora, y por otra parte, por mi implicación sentimental con ella, no era la persona más indicada para recomendarle esto, lo otro, o aquello.                  Así que viendo que Rosa no estaba dispuesta a terminar con Ramón, no me quedó más remedio que darle mi últi…