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Mostrando entradas de febrero, 2015

LOS AMANTES DEL 26

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                 Era la primera vez que Magdalena hacía un viaje a la capital, o para ser más preciso, era la primera vez en casi todo para la joven Magdalena. El primer encuentro amoroso, la primera partida lejos del hogar. También sería su primera noche en una habitación desconocida, en una cama desconocida, en una ciudad desconocida. Se encontraría con nuevas calles, con olores diferentes, con vientos nada apacibles  o más bien vientos no esperados, y como no, con el soñado Parque Central, donde al final hallaría a su Federico. --¿El Parque Central?-- Y una fulminante idea le cruzó por la mente. Como desde la habitación del hostal en la que se hospedaba distinguía con nitidez cada uno de los ángulos de dicho parque, se quedaría preparada, lista y dispuesta ante la ventana hasta ver surgir a su amor por cualquiera de sus esquinas. De cualquier manera tenía el tiempo suficiente para cuando vislumbrase a Federico…

LOS AMANTES DEL 26

--1-- Llegó planeando. El fuerte viento lo desplazaba a su antojo cual cometa de papel en medio de un torbellino. De repente se elevaba, y de repente también descendía a la mayor velocidad que le permitía su aerodinámica composición, para continuar, sin detenerse a penas, con su desenfrenado recorrido. El tiempo no era, el conveniente, el apropiado, para transitar por la ciudad, pero como se dice en estos casos cuando no se tiene a mano un argumento de considerable solidez, la vida debe continuar como si lo acontecido a nuestro alrededor fuese lo más normal de este mundo, porque en todo caso somos juguetes del caprichoso “destino”, y bien poco, o nada, podemos hacer para cambiarlo. Ese craso error, ese pensamiento enraizado en el cerebro, le costó demasiado caro a nuestro protagonista, que se enfrentó cara a cara con su “destino”. Un destino que lo dejó sin algo más que el aliento.                  Ese día, ese imborrable día,…

“SENTI-MIENTOS”

Cuando desperté en esta ocasión ya no era el mismo. Los mismos ojos, sí, pero el mirar no. Un apacible lago dentro de una desértica tierra percibieron estos ojos. Neblina sonrosada, incertidumbres, apatía, y lo más preocupante. Un raudal de hombros encogidos sobre afiladas piedras vislumbré entre la multitud de almas. Grandes y pequeños hombros que se dejaban llevar sin sentido según batía el viento. ¡Y no fui capaz de ver más!
Cuando desperté mis oídos ya no fueron los mismos. En ese lugar escuché de más. Encuentros y desencuentros, versátiles reproches edulcorados con plañideros epítetos. Pero sobre todo, preguntas, preguntas que no llegaron a poseer una respuesta. ¡Y no fui capaz de oír más!
Cuando desperté con un amargo gustillo en la boca las ideas no me supieron igual. Enfatizadas pero insípidas ideas degusté en ese viaje. Una sensación en la boca del estómago que me hizo perder el apetito. ¡Y no fui capaz de diferenciar los sabores!
Cuando desperté con las manos heladas intenté con una caricia despejar …