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Mostrando entradas de diciembre, 2013

¡A TODAS LAS ALMAS DESCARRIADAS DEL ENTORNO MUNDIAL!

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 Mi costumbre no es desear felices esto o lo otro a nada o a nadie. Primero porque no soy nada ni nadie para poder desear esto o lo otro a vosotros o a vosotras. Cuando sea alguien en este o en lo otro, entonces les diré felices, esto o lo otro a todos los que puedan o deseen ser más que los demás en todo el universo que vendrá cuando tú o yo seamos más que esto o lo otro.     

                                                                                                              Mensaje navideño 

FELICES FIESTAS

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Si en este complejo y de delicado planeta en el que intentamos sobrevivir varios Dioses rigen el mismo, yo me pregunto, sin ánimo de ofender y enmarañar demasiado la madeja, cuántos Dioses más habrá en los demás planetas de esta misma galaxia, y cuántos más en los millones de planetas del infinito espacio que pernoctan en el universo y que la mente humana no ha podido llegar a fabular. ¿Millones de Dioses? ¿Esto quiere decir que estamos rodeados de Dioses y no lo sabemos porque no queremos considerar que el universo puede que esté compuesto íntegramente por Dioses que por feligreses?
                 Para mis creencias tal ser supremo lo considero un Dios, mi Dios, pero para las tuyas este Dios es falso; como tú Dios no significa nada para otras culturas, y viceversa. No puedo afirmar lo que sucede en otros planetas porque aún no he estado en ninguno de ellos, pero en este planeta las personas se comportan así, egoístamente ante los Dioses de los demás. Es contradictoria esta manera…

EL PRIMER AMOR DE LA ABUELA NENA

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(CAPÍTULO LXIII)


                 La piedra le destrozó la cabeza al hombre. La mujer le golpeó varias veces hasta que mi madre le sostuvo con ímpetu la mano. __ ¡Déjelo señora, ya ha recibido su merecido!                  Le dijo mi madre a la mujer que temblaba como una hoja de abedul en medio de una tormenta. El bandido se hallaba desplomado en el suelo, inerte, con su infamia colgándole al viento y una mueca rígida en el rostro. No se apreciaba síntomas de vida, pero de cualquier manera no nos podíamos confiarnos.                  En este instante fue cuando todas respiramos aliviadas. No lo recuerdo con transparencia, pero en un instante nos abrazamos espontáneamente, y la pobre mujer con su cuerpo adolorido, tomó en brazos a sus tres hijas y comenzaron a llorar de satisfacción. __ ¡Creo que nos debemos marchar! ¡Es hora de alejarnos de aquí sin detenernos y sin mirar atrás!                  Y salimos del bosquecillo como dijo mi madre, in mirar atrás y más veloz de lo que podían so…