CONFESIONES DESDE EL TÁLAMO

             



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                 Rosa se marchó del parque, y mi estampa quedó junto a un banco del mismo con las esperanzas desmoronadas. Poco me importaba desde este momento, bien poco me importó el mundo y sus elementos. Solamente deseaba estar junto a Rosa, para protegerla, y demostrarle que mi sentimiento es noble y firme como cualquier arboleda en plena floración. No tuve fuerzas para llegar a la parada más cercana de autobús y continuar rumbo a la universidad, no la tuve, y mis piernas, mis brazos, mis anhelos, todo este ser atormentado se quedó literalmente consumido sobre la hierba del parque. La noche llegó y no fui consciente de ello. Me abandoné sin escatimar las horas y los minutos.
                 La noche pasó y llegó la mañana, y mi cuerpo aún permanecía en el dichoso parque en que Rosa me dijo que volvería con Ramón. Desde el mismo instante en que me lo confesó poco me importó la vida, y no estoy mintiendo, lo juro por lo más preciado de mi existencia que no miento, porque el sentimiento que siento hacia esta mujer siempre ha sido profundo y verdadero. Al confesarme Rosa que regresaría con el desgraciado que ha hecho de su vida una agonía, la visión se me nubló y pensé en cometer una locura. Miles de pensamientos surcaron por mi cabeza, y cuál de ellos peor; pero lo que sinceramente golpeó mis esperanzas fueron las palabras de Rosa al partir, --¡No me vuelvas a esperar a la salida de mi casa, ya no eres mi amigo!-- Qué puedo hacer ante esto, absolutamente nada.
                 Ahora estoy aquí, frente a un árbol que me mira desde de la noche anterior, y no tengo respuesta que darle por lo sucedido. No soy nadie para interponerme en su vida, y si su deseo es volver con Ramón, le pido a este árbol, o aquel banco viejo y descolorido, a las hojas que se lleva el viento, a la propia mañana que trae sorpresas inesperadas, o a la misma nada, que Rosa y la niña no sufran esta vez, solamente deseo esto, nada más; no importa que me haya que dado con las esperanzas desgarradas, no importa porque solamente deseo que no vuelva el pasado a sus vidas. ¿Qué sentimiento tan poderoso debe estar posesionado en Rosa para que decida intentar nuevamente una relación con este hombre? ¿Esto es amor? ¿Pasión? ¿Miedo? ¿Qué podrá ser que no alcanzo a comprenderlo? Es un estremecimiento tan recóndito que mi amiga está dispuesta a jugarse la vida una vez más. Si con este sentimiento se construyese el futuro, la humanidad sería bien diferente.
                 Rosa como me lo afirmó, volvió con el hombre de su vida. Él salió de prisión y la historia continuó. Yo no sabía muy bien qué hacer para intentar no verla durante el día, pero su balcón continuaba en el mismo sitio, y mis ojos seguían siendo los de siempre, los indiscretos mirones que se perdían por contemplar al menos por un instante la imagen de esta bella mujer. Desde que Ramón volvió esta vez, curiosamente las puertas del  balcón que da a la habitación se mantenían siempre entreabiertas, y ahora estoy más que seguro que fue con toda intención, para que mis ojos entrasen dentro de la misma. En una ocasión, siendo de noche, me encontraba sentado en mi balcón mirando el transitar de los autos que pasaban por la calle, cuando la luz se hizo en el otro extremo. La habitación de Rosa se iluminó, y dos cuerpos rodaron por la cama. ¡No debo mirar! ¡No está bien que mire! La intimidad de los demás es sumamente privada y se debe respetar, pero ante mis sentidos se está proyectando la realidad.
                 Rosa se levantó de la cama y fue hasta la puerta para juntar las dos hojas de madera. Cinco segundos. Solamente cinco segundos estuvieron cerradas, porque inmediatamente Ramón las abrió, y esta vez fue de par en par. Él sabía que me encontraba en el balcón, y su objetivo estaba demasiado claro, que yo fuese testigo de lo que a continuación iba a suceder……………..          
             

Continuará………………….

fOTOS: ara

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