¿O QUÉ SERÁ…..?

                                
              
               
                 Hace varias semanas que no escribo en los blogs o en el mismo Facebook, y no es que el día y su amada la noche sean fugaces, o que las horas se hagan de rogar; esa no es la cuestión, el problema radica en mí. El cuerpo termina por agotarse a lo largo del día y cuando me vengo a dar cuenta, ha amanecido una vez más; y así, las semanas sospechosamente se van convirtiendo en meses. Y es cuando me prometo que no volverá a pasar, que tengo que publicar en la tela de araña o mis lectores se enfadarán con sobrada razón. Aunque no he dejado de escribir, lo sigo haciendo, continúo redondeando varios proyectos que más temprano que tarde leerán. A partir de aquí deseo confesarles una cosa, y puede que sea el motivo por el cual me he levantado hoy a las seis de la mañana y me he sentado a escribir. Desde anoche mismo lo he intentado hacer, pero como siempre, acabo durmiéndome sobre el sofá media hora después de cenar, y dichas historias se terminan visualizándose incongruentemente en el interior de mis ensoñaciones.
                 Ayer, minutos antes del anochecer, y por disposición posiblemente del destino, terminé escuchando a Mercedes Sosa, Gracias a la Vida, de Violeta Parra, fue solamente el comienzo de mi teletransportación, y sin saber el porqué, llegaron, como una pretenciosa ráfaga, Caetano Velloso, Chico Buarque de Hollanda, y Milton Nascimento (el orden no altera el producto), y me “abducieron”. Se sumaron en un cuarteto, y mis deteriorados músculos volvieron al pasado, haciéndome sentir que en una época había sido un desbocado equino que se alimentaba de versos y de múltiples melodías. Y en mi interior se produjo una auténtica revolución. Las pupilas se me dilataron, la mandíbula, lentamente, fue cayendo por su propio peso, y entre la parte superior e inferior de la misma, un mar de saliva desplazó mi lengua, y babeé, ¡no, como hubiese dicho en el referente pasado!, ¡BABIÉ!, como un senil poseído. Los sentidos quedaron en “Justo-modo”, que viene a ser algo así como afiliarse al limbo sin la autorización adecuada de la Santa Sede y del Colegio de Profesionales de la Parapsicología. Por unos segundos me perdí, ya no en los recuerdos, sino en la sinrazón. Viajé por historias no personales y advertí que en el interior de mis venas había algo más que sangre. Fue cuando comencé a sudar lágrimas. Y deseé, por encima de todo, sentarme a escribir.
                 Soy de esa variedad de seres, que ha ido perdiendo el cariño a medida que los intrincados caminos del señor se han hecho más espinosos, o lo que es lo mismo, un desabrio, un descafeinado, un indolente, un Homer, a fin de cuentas un Grim, como bien afirma mi esposa e hija; pero ciertas cosas me hacen ser mejor persona, y una de ellas es la música, y si esa música lleva precisamente estos nombres, para qué contar más queridos amigos.
                 Mi hija, que tiene nombre de canción, estuvo a mi lado escuchándolas, aunque pasada la hora terminó durmiéndose. --¡Papá, canta como Andrea Bocelli!-- Refiriéndose a Caetano Velloso. Y creo que lleva algo de razón. Más allá de las voces y de los estilos, hay un “sentir” común en estos Trasmisores de Sentimientos, y es que la pasión y la entrega no se heredan ni se estudia, se provoca desde las profundidades de nuestras entrañas. En realidad hacía mucho, demasiado tiempo, que no los escuchaba, y lo lamento; pero nunca es tarde si la dicha es buena, y ahora estoy aquí, frente al ordenador intentando “ordenar” mis ideas para que este desatino no vuelva a suceder.

                 En mi otra vida puede que haya sido un músico que terminó frustrándose al no contar con los suficientes sonidos que moldeasen mi espíritu, y no por falta de ellos; sino por escasez auditiva, aunque no me lamento, seguramente en la siguiente reencarnación contaré con las justas y necesarias melodías para saciar la sed. Lo importante es que la cadencia ha penetrado nuevamente en mis venas y no pienso desaprovecharla. Cuando no encuentre el camino hacia la creación, escucharé a María Bethania, o a su hermano Caetano, El caballero de fina estampa, y las remembranzas se harán presentes en el papel, y las ideas, fluirán multiplicadas como límpido manantial en año de abundancia. Gracias a cada uno de ellos, a todos, a los que están, y a los andan en busca del néctar del concilio.  

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