"Historias Espirituales" La visita (capítulo II y final)

La cama se olvidó de mi cuerpo y los pequeños rincones en el colchón que cada noche reconocían mi piel, dejaron de ser fiel. Dejé al olvido toda la realidad  y en un gesto consciente cerré los ojos. El reloj marcó las tres de la mañana. Por un momento sentí que mi cuerpo se dividía en dos mitades y que una parte se elevaba por la habitación confundiéndose con la oscuridad, y que la otra se aferraba a mí de forma violenta. Tenía la sensación de perder la vida en unos segundos. Cuando al comienzo de la noche comencé a pintar estaba completamente normal, pero con el paso de las horas fui cayendo en un estado de ansiedad que se apoderó  de mi voluntad y mis sentidos.
La temperatura corporal se elevó de forma súbita, la respiración dejó de ser inconsciente para entrecortarse en cada inhalación, y los músculos perdieron la coordinación hasta llegar a una danza sin sentido. Pensé que todo estaba perdido y que la noche nunca más sería día. Las fuerzas me abandonaron y fue el momento de encontrar una respuesta a toda esta locura, pero no la encontré. No se exactamente el tiempo que pasó, pero sabía que no era el mismo.
Y de la misma forma que todo llegó, todo se marchó, quedé liberado y en paz. En un segundo, después de varias horas de tormento, volví a la normalidad, al mismo estado de cuando comencé a pintar. No tenía una explicación para lo que me había sucedido. La respuesta llegó por el teléfono. Desde otro país y en el idéntico espacio de tiempo una persona amada dejó este mundo y se marchó; pero antes, me fue a visitar. 

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