¡EL PRIMER AMOR DE LA ABUELA NENA!


              

                                     (CAPÍTULO L)

                  Lo único que deseábamos por aquel entonces era vivir juntos. ¡Nada más nos importaba! Con el tiempo tanto mi caballero como yo nos dimos cuenta que nuestra actitud de alguna manera rosaba el egoísmo. Por aquella época la calle estaba caldeada, una simple brizna podía ser capaz de comenzar una guerra y no terminar hasta tropezar con las cenizas. Mi caballero lo sabía, pero también sabía que en una situación de este tipo, los jóvenes son los primeros en reclutar. Esta fue la verdadera razón que me ocultó para no casarnos.
                 Yo era muy joven por aquellos años. Mis padres estaban de acuerdo con nuestra relación, mientras respetáramos las reglas de la época. Ellos deseaban lo mejor para su hija, y estaban seguros que Agustín, Juan Agustín mi caballero, era un buen hombre, trabajador y con futuro. Después de todos estos años de noviazgo estaba demostrada su valía como persona. Nada había en contra de Agustín que impidiera nuestra unión en santa boda. ¡Hasta el cura nos bendecía cada domingo y esperaba muy pronto oficiar la misma! Yo no lo sabía, pero una cosa si estaba en contra de nuestra unión. La eminente guerra.
                 Juan Agustín Ramírez al igual que mi padre, estaba al tanto de los acontecimientos venideros, y sin que mi madre y yo lo supiéramos, una tarde cualquier bajo el limonero del patio, se sentaron a charlar sobre negocios. ¡Un negocio nada deseado para nuestra relación y para el país! La guerra de un momento a otro estallaría, y seguramente mí amado al igual que mi padre, tendrían que marchar al frente. ¡Este fue el mayor y único motivo por el cual seguíamos sin tomar la determinación de casarnos! Fue muy tarde porque en plena guerra supe la verdad. Mi caballero en aquella reunión le dijo a mi padre que lo mejor para mí sería no casarme con él, por si no regresaba con vida. --¡No es justo que Nena se quede esperando una ilusión! ¡La amo demasiado para hacerla sufrir!—Estas fueron las palabras que le dijo a mi padre aquella tarde desafortunada bajo la sombra del limonero. La tarde en que mi madre y yo pensábamos que estaban ultimando los preparativos para la boda, y que todo no sería más que una sorpresa. ¡Menuda sorpresa! ¡Menudo egoísmo el mío! ¡Yo me quedé sin boda, y el país con una guerra injusta!
                    
Continuará.....................
DISEÑO GRÁFICO: MANDY BLUEE.
                
                 
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                  

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