¡EL PRIMER AMOR DE LA ABUELA NENA!


                 CAPÍTULO LXIV.

  
                 ¡Al fin la casa de tía Rosaura! Nunca antes desee con tanta intensidad estar dentro de sus cuatro paredes. No hacía mucho que ella nos había visitado, unos meses antes de comenzar la guerra, pero al ver su figura en la puerta, creí estar en el cielo, junto al arcángel salvador.
                 Llegamos destrozadas, sin fuerzas, con el último aliento que permaneció oculto en nuestro interior, pero sobre todo, vivas; lo que más importaba después de la locura por la que habíamos pasado.
                 Necesitábamos un baño, comida, y algo parecido a una cama para sentirnos que en un pasado no lejano fuimos personas. Y todo esto nos lo proporcionó tía Rosaura. La pobre mujer nos brindó sin escatimar lo poco y único que poseía. La maldita guerra cuando se instaura dispersa sus tentáculos y lo abarca todo, las ciudades, los caminos, y los campos. Sin decirnos palabras después de tomar un baño y comer lo que pudo inventar la tía, nos dormimos. Nuestros cuerpos a gusto, se relajaron hasta bien entrada la noche.
                Cuando abrí los ojos, escuché a mi madre desde la cocina hablando con la tía.
__ ¡Hermana, estas mujeres han pasado un calvario y no sé si se podrán recuperar con prontitud! ¿Qué puedo hacer Rosaura, no las puedo abandonar a su suerte? ¡Tengo un nudo en la garganta por las niñas, han sufrido mucho! --le decía mi madre a la tía con lágrimas en los ojos.  
__ ¿Es que no me conoces acaso? ¡Naturalmente que no se quedaran sin techo, estarán en mi casa el tiempo que lo deseen, hasta que las aguas tomen su curso hermana, no te preocupes, saldremos de esta de alguna forma! ¡La culpa la tiene esta maldita guerra que no deja nada a su paso y lo destruye todo! ¡Aquí aún no ha llegado, pero los alimentos escasean, no podemos mantener a los pocos animales que nos quedan, y la tierra no da el fruto necesario, es una locura que parece no terminar; pero encontraremos alguna solución, ya lo verás! --la tía Rosaura se le entrecortó la voz.
__ ¿Y tú, cómo estás? --preguntó mi madre.
__ ¡Como tú, sola, en todo el pueblo no ha quedado un sólo hombre, todos están en la guerra! --contestó la tía.
__ ¿Sabes algo de Antonio y los chicos? --la pregunta de mi madre, y los recuerdos de la tía se pusieron en marcha.
__ ¡Lo que todos, llegaron al frente y están disparando al enemigo! ¡Ellos disparan y los otros también, el que dispare más y mejor es el que va llevando ventaja, pero no quiere decir que sea el ganador, no, porque después hay que recoger a los muertos, lo mismo de un bando que de otro, es igual porque son muertos! ¡Se están matando entre ellos Rosario……..y no es justo……no, no lo es,…..es una mierda esta guerra,……..es una guerra…..de mierda coño!
                 La tía no pudo más, como un cántaro de barro su pecho se abrió y en mil pedazos los sentimientos acumulados brotaron al exterior. ¡Se abandonó, dejó que su cuerpo llorase, y que sus lágrimas cual gotas suicidas, irrumpiesen sobre el descolorido mantel de la encimera, que no era ajeno a las congojas de la tía porque desde hacía algún tiempo, era su paño de lágrimas!
                 Con cuidado llegué a la cocina y me oculté detrás de la puerta, y desde allí, pude contemplar a la tía y a mi madre que apoyadas sobre la encimera, se tomaban de las manos.
__ ¡Haré café, un buen café que levante el ánimo! --dijo mi madre, y fue hasta la estantería en busca del frasco.  
                 Con los años he aprendido que cuando una situación es demasiado tensa o festiva, siempre se termina recurriendo al café. El café es un auténtico vehículo unificador de conflictos y relajador de situaciones comprometidas. Este portento mantiene las bocas silenciadas hasta que el agua burbujee y el aroma de la infusión penetre sin permiso por nuestras esperanzadoras narices.
                 ¡Queridos nietos, si en algún momento tenéis algún problema o dificultad en vuestras vidas domesticas no intentéis encontrarle solución si los nervios están tensos, no lo hagan porque no la hallaran, relájense, pongan la cafetera al fuego, y esperen tranquilamente por el hervor! ¡Cuando esté, se beben una buena taza del mismo y continúan donde lo habían dejado! ¡Con toda seguridad el abismo no será tan profundo y encontraran el atajo que necesitaban para no sucumbir en el mismo! ¡Es un sincero concejo de la Abuela Nena, no lo olviden!

 
Continuará...........................

DISEÑO GRÁFICO: MANDY BLUEE.

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