Una noche, estando de espaldas a la ventana, sentí el suave brillo de la madrugada, de una  madrugada que desde siempre pasó de largo por mi casa y que nunca tuvo la bondad de detener los pies, para saber si aún estaba vivo; ya nada fue igual.Nada fue igual en mi cuerpo y en mi mente,no tenía conocimiento de lo que podía provocar la ausencia de recuerdos. Pero esta brisa o este brillo de la madrugada marcó un antes y un después.No pude recordar hasta muchos años más tarde, el regalo de la madrugada.
                                      El recuerdo detenido en un instante, que después del amanecer trajo consigo tantos años amontonados.Años que dejaron de ser pocos, para golpear sin ninguna responsabilidad. Cuanto he podido dejar de recordar hasta este momento, en que la noche me trajo noticias de la abuela. En realidad, quién era esta persona que por un tiempo dejó de estar presente. Los largos años que me encontraba perdido buscando el recuerdo, ese recuerdo que siempre estuvo, pero que no estaba en mis planes de recordar.
                                      No hizo falta nada. Me dejé al olvido, me olvidé del pasado, y entre el olvido y el presente, fui uno solo que no tenía a quien recordar.

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