" EL PRIMER AMOR DE LA ABUELA NENA" capítulo XIX

Creo que les estaba contando cómo llegué a este mundo. No fue nada especial, mi vida es tan simple como la vida de un caracol, pero hasta ahora, tan larga como la misma estela que va dejando en su lento caminar. Lo realmente importante fueron los años en que mi ser vio la luz. Eran tiempos de guerra, de momentos convulsos y difíciles para mi familia, para la mayoría de las familias. Fue una época en que todo se dividía, por la única razón de negar a la otra mitad. El vecino estaba en contra del otro, por su credo, o por sus pensamientos, por su riqueza o su pobreza, por su rabia o su templanza, por no ser igual a la cara que contemplaban cada día ante el espejo. 
Esta lucha llegó hacer muy extensa y abarcó tierras y más tierras, hasta delimitar  las posesiones de cada uno de los guerreros. Se crearon territorios y gobiernos, y los hombres decidieron morir por sus colores, los que escogieron para ser identificados como contrarios al pensamiento y a la acción de su vecino. De esta forma todos fueron extraños y se organizaron en bandos para luchar por un ideal que prometía la gloria y el honor, si el opuesto era vencido.
En este tiempo vine al mundo, y por supuesto, llegué con un color, un espacio delimitado, unas creencias, y unas costumbres, que para el lenguaje más partidario le llamaban tradiciones, que llevamos en los hombros por los siglos de los siglos. Así aprendí desde pequeña a ser de un bando, y estar en alerta para identificar al enemigo, pensando que mi dogma es el auténtico y no el ajeno.    
Cuando crecí, todo esto me pareció absurdo y pensé que nos podíamos estar haciendo daño sin ningún sentido, y que si esta vorágine de sucesos no llega a su fin, con el paso del tiempo todo podría ser muy diferente, el caos dominaría todas las tierras. Nuestra salvación es el amor.
Les cuento esto, porque estuve perdida hasta que llegó mi salvación. Llegó en forma de caballero, no para conquistar y tomar posesión de mis dominios, sino para entregar amor y compartir lo más especial que poseemos, el tiempo. El tiempo que dejamos correr sin sentido de forma egoísta. Gracias a mi caballero, dejé de pertenecer a un bando, para sumarnos al universo y pensar que todos somos uno solo, y que la benevolencia es nuestra fe. Mi única riqueza está en todos estos años vividos.
Es un poco tarde y quiero descansar. Recuerdo que............los ojos me traicionan y me dicen.........que no están conforme..............y que la cabeza...............

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