" EL PRIMER AMOR DE LA ABUELA NENA" capítulo XX

Hace algunas semanas que no hablaba con vosotros y me siento mal. Me he acostumbrado a este momento y no se estar sin el, pero en estos días han pasado algunos acontecimiento en mi vida que no me han dejado indiferente, habrá tiempo de contárselos, ahora quiero seguir con mi historia de antaño.
Con los días mi caballero se fue posesionando no solamente de mi corazón, sino también de mi casa, y de mis padres. Supo en todo momento conquistar la confianza de mi padre y los sentimientos de mi madre. Para la época la relación marchaba más deprisa de lo acostumbrado y mi caballero pensaba en la boda.
__ ¡Un buen noviazgo debe durar entre ocho y diez años! ¡Hay que estar seguro de las intenciones del novio!--fueron las palabras de mi padre.
__ ¡Lo que usted diga señor García!--dijo mi caballero con resignación.
__ ¡Primero hay que conocer muy bien sus intenciones, y después, saber si está usted en condición de mantener a mi nena! ¿Comprende mis palabras?
__ ¡Completamente señor García!--afirmó con la cabeza mi extenuado caballero-- ¡Tengo mis ahorros que.................
__ ¡Cuando llegue el momento hablaremos de economía!--sentenció mi padre.
__ ¡Lo que usted diga!
Y no se habló más del tema. Mi madre era algo más flexible, pero la última palabra era la de mi padre, aunque mi madre poseía recursos suficientes para en algún momento preciso volver al tema del enlace nupcial, pero sabía que por ahora, los días debían continuar con su marcha habitual. Yo tenía la misma prisa, la sangre revoloteaba en mis venas y no me dejaba en las noches dormir. Quería estar junto a él a todas horas, y sentir que mi cuerpo se perdía entre sus brazos.
__ ¡Qué calor! ¡Nena, porque no vas a la cocina y nos prepara una limonada bien fresca!--dijo mi madre.
__ ¡Claro mamá!--y sin pensarlo me dirigí a la cocina.
__ ¡Qué cabeza la mía! ¿Ramírez, puede hacerme el favor de coger de la mata del patio algunos limones y dejarlos en la cocina?
__ ¡Yo voy mujer!--retumbó la voz de mi padre.
__ ¡No, están muy altos y tu no alcanzas! ¡Deja, el joven Ramírez es más ágil! ¿Verdad?
__ ¡Si señora, lo que usted mande!
Mi caballero se levantó de la silla como un resorte, a la vez que mi madre retenía con la mirada a mi padre. En menos de un pestañear llegó al patio. Todo lo vi desde mi posición estratégica. Mi caballero estaba tan nervioso, que los limones caían violentamente al suelo desde sus manos. ¡La limonada!, la próxima semana les doy la receta de esta dulce bebida. 

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