" EL PRIMER AMOR DE LA ABUELA NENA" capítulo XXIII

Estudié inglés en mi juventud, tenía la intención de poder dominar el idioma para traducir  los grandes libros de la historia de la humanidad al castellano. Siempre me incliné por la narración y los clásicos de la dramaturgia. Pero con el paso del tiempo y las coincidencias del destino, llegué a la docencia. Encontré en la enseñanza la mejor vía de transmitir mis conocimientos y sentirme de alguna forma algo más útil que estar en una mesa traduciendo por encargo, y ahora creo que no estuve errada. Entonces fue cuando me propusieron dar clase de inglés a los más pequeños, todo esto fue en la misma época en que conocí a mi caballero, y después entró en mi vida.
He pensado que para estar frente a un grupo de párvulos hay que tener una alta responsabilidad y una entrega sin condiciones. No se puede escatimar en tiempo, y el egoísmo debe quedar fuera del colegio. También pensaba y lo pienso, que mi responsabilidad traspasaba el marco de la asignatura que debía de impartir. Antes de enseñar un idioma, debía poner en cada uno de ellos la paleta variada de principios éticos. Lo primero que deben aprender es humanidad, y creo que es la obligación de cualquier maestro o maestra, ser en toda la palabra, un educador. Y así lo hice.
Recuerdo en una ocasión, una niña, que en clase siempre estaba algo distraída, y que mientras yo explicaba algún tema, ella no reparaba en mí y emborronaba el papel con figuras geométricas de múltiples tamaños y de indescifrables formas. Esperé hasta el final de la clase y la llamé.
__ ¿Por qué no estás concentrada en la clase?
__ ¡No se! --me dijo con la respiración entrecortadas.
__ ¡Si no estás atenta, no vas aprobar el inglés! --le dije con un tono de voz firme.
__ ¡Maestra........le pido perdón! --fueron las palabras que salieron de su boca.
__ ¡Está bien, pero muestreme lo que hace en el papel mientras doy la clase!
__ ¡Por favor no llame a mis padres! --lo que sentí fue algo más que una súplica.
__ ¡En ningún momento he hablado de llamar a sus padres, pero déjeme ver los papeles!
__ ¿Todos? --me dijo con la inocencia de una niña de ocho años.
__ ¡Sí, todos! --le contesté. 
María, que así se llamaba la niña, tomó su viejo bolso, y de las entrañas más oculta del mismo, cogió un manojo de cuartillas dobladas y arrugadas. Sin decir una palabra, las depositó sobre mi mesa y respiró profundamente con resignación. En realidad no sabía por dónde comenzar, pero cualquiera de las hojas plegadas era un descubrimiento para mí. Nunca antes había visto unos trazos tan incongruentes pero a la vez tan apasionados y llenos de misterios. Un mundo fantástico creado en una pequeña extensión de papel. Fue un descubrimiento para mí, y pensé no dejarlo pasar por alto.
__ ¡María, el inglés es importante, pero esto, posiblemente lo sea más! ¡No dejes nunca que te corten las alas!
__ ¡No entiendo maestra!
__ ¡ El mundo está lleno de personas que juzgarán lo que hagas, pero tu no te rindas, y sigue el impulso de tu corazón! ¡Verás que al final llegará la recompensa!
María Mariam es hoy en día una de las arquitectas más transgresora de este planeta, y sus bocetos son considerados por su valor artístico, obras de arte.

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