" HISTORIAS ESPIRITUALES " LA FOTO

       Cuando contaba con siete años, descubrí en lo alto del armario un marco con una foto de un hombre bastante mayor. La primera vez que me percaté de su existencia me dejó paralizado en el centro de la habitación de la abuela. La pelota fue justo a lo alto del armario y rebotando en la pared, dio en una de sus esquinas y en una parábola perfecta, regresó a mi mano. Estaba seguro que antes había visto la foto en lo alto del armario, pero hasta ahora no me percaté de la imagen en todos sus detalles. La foto siempre estuvo en el mismo sitio, y mi abuela no recuerda en que año tomó posesión el marco a la imagen.
       Creo que la pelota estuvo atinada en viajar ese día a lo alto del armario. Con el tiempo y los años, la amarillenta foto se quedó olvidada en la polvorienta altura. Nadie la mencionaba, y todos la habían borrado de la memoria. Un anciano con la mirada perdida en el olvido. Era la vieja foto del bisabuelo, el padre de mi abuela. La imagen estaba tomada en blanco y negro, difuminada alrededor del entorno del bisabuelo. Se podía apreciar al anciano sentado de cuerpo entero, y todo lo demás eran borrones que se perdían en el marco de madera. El bisabuelo estaba en su sillón de ruedas en el patio, y cuando se le hizo la foto había fallecido.
       Querían tener el recuerdo del bisabuelo con los ojos entornados descansando en la siesta. Nadie sabe con exactitud, si la foto llego antes, o el bisabuelo se fue después, pero en todo caso, ahí está la foto en su marco para la memoria olvidada. Todos los hijos lloraron cuando tomaron la foto, cada uno con más fuerza sobre el otro. Cuando llegó el momento, reclamaron la parte de la herencia que les correspondía y se perdieron. En ese instante, se olvidaron de la foto, y como nadie la reclamó, la foto quedó, en la casa del bisabuelo. Mi abuela cuidó a su padre hasta su muerte, y heredó con la silla de ruedas, la foto. Quedó en lo alto del armario año tras año.
       Fue el momento justo para que la abuela viera con nuevos ojos la foto. Me quedé a su lado y sentí que tomaba la foto como si fuera la primera vez. La bajó de lo alto del armario, y con su falda apartó el polvo del cristal. No dijo nada, pero sus ojos se humedecieron a la vez que me daba la espalda y se marchaba a la cocina con la foto. La sacó del marco y con cuidado la examinó. Pasó un tiempo largo con ella en las manos, mientras yo seguía observándola desde mi posición. Sin decir palabra fue hasta el salón, y la dejó en el centro de la mesa. El marco y el cristal estaban relucientes, y la foto como nueva. 
       En la foto aparecía el bisabuelo de pie saludando con la mano izquierda. Con el cuerpo de medio lado como si se marchara, pero la silla de ruedas del bisabuelo no estaba.

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