" PIES PROVOCADORES "

(Primer tema de la encuesta anterior)


                 La joven llegó a su cita antes de tiempo, fue lo que pensó al entrar en la habitación que da al mar y encontrarla en calma, pero no fue así. Al termino del portal, donde las piedras del suelo se mezclan con la arena de la playa, estaba el joven observando la escena en buena posición. Pero ella no era ingenua y quiso jugar también. Apareció con su vestido blanco y de escote generoso, dejando con toda intención que la delgada tela fuera poseedora de su cálida piel. Al termino del corto textil, se podía apreciar la continuidad de unas hermosas piernas que se perdían en el abismo; y al final de ellas, dentro de unos zapatos de tacones de aguja, los delicados pies que luchaban por lograr ser desnudados. Por la puerta abierta de cristal, entraba la brisa marina que jugaba con las cortinas sin ningún pudor. Se descalzó, primero el izquierdo, y sin prisa, el derecho que comenzó a juguetear con el viento. Dejó que se enredaran sin ningún sentido con la cortina que huía del mar, y sintió la fina tela que recorría sus pies descalzos. Fue cuando sintió en su cara el sol salado y decidió ir a su encuentro.
                 Apoyando únicamente los dedos de los pies en el suelo de arena, comenzó a caminar. Cuatro pasos largos fueron suficiente para llegar al exterior, y de un salto, alcanzar la barandilla. Dejó descansar sus generosas caderas sobre el ancha brazo de madera del portal, y se sintió deseada. ¡Qué sensación de eternidad le llegó a su cuerpo, cuando sus pies comenzaron a balancearse de continuo! El izquierdo no esperó que el derecho regresara a su altura y se marchó a su voluntad sin orden alguna bamboleándose. Estaban desnudos, dejando a la vista los pequeños y hermosos dedos. La joven era consciente que la estaban observando, y sabiéndolo, puso más empeño y pasión al instante.
                EL joven estaba con todo el cuerpo desnudo esperando que el viento fuera favorable para izar vela y poner rumbo a babor. Sus pies estaban deseosos de tocar tierra firme y conquistar nuevos territorios. Los dos sabían qué se entregaban a un apasionante juego que nunca antes habían experimentado, pero no era más que comenzar. Pensaron en tener una experiencia algo diferente, y se dijeron, que se llevarían por la  lógica del movimiento de los pies. Cuando una parte del cuerpo decida comenzar a actuar, el resto de nosotros apoyará la decisión. Cuerpo y mente.
                Dando un giro apoyó la planta de los pie en el suelo y se levantó el vestido hasta dejar ver la línea eterna que cruza su intimidad. Un amplio y sensible camino que comunica las sólidas nalgas con el centelleante pubis, todo quedó al descubierto, deliberadamente y con toda la intención de provocar. Él no se quedó atrás, y fingiendo un profundo sueño cerró los ojos y levantó vela. Dejó que el viento golpeara en su mástil y lo condujera a una tormenta segura.
                 La joven entró en la arena y sus pies sintieron que se perdían entre el deseo y la inseguridad. Caliente e inestable era el manto de diminutos granitos sólidos bajo los pies. A toda prisa llegó hasta el árbol donde se cobijaba el joven, y sonrió. Él continuaba con los ojos cerrados y con la mayor parte de su sangre concentrada en un extremo de su cuerpo. La joven pensó desde su posición seguir la lógica del movimiento de los pies, y dejarse caer hacia el tenso mástil que la estaba provocando con su poderío y con amenaza de un abordaje inminente; pero antes, camino al cuerpo del joven y sin su permiso, todo el salitre que recorría el ambiente, penetró en las paredes de su vulva. Lástima que no le alcanzó el tiempo, porque antes de llegar al cuerpo del joven, sintió en sus labios y en el clítoris, la caricia de uno de los pies de su amante. El otro recorría sus caderas en busca del camino interminable que tanto deseaba. Ella no pudo con tanto placer y se abandonó a la atracción de la arena, quedando entre sus pies el miembro del joven con pretensiones de velero. Los dos quedaron sobre la arena con los cuerpos hacia arriba, con la mirada perdida en el infinito. Sin querer, ella rosó con la planta del pié el excitado pene del joven, y lo sintió tenso como un arco de competición, y se dejó llevar. Con la ayuda del segundo pié, ella logró que no se escapara, y sin su permiso recorrieron la tensa piel del encendido falo, desde la punta hasta el nacimiento de los testículos, y sin descansar, continuar en sentido contrario hasta llegar a estrangularlo para que vomite de placer.
                 El joven flotaba en el aire, entre sus piernas se estaba provocando una tormenta con consecuencias sísmicas de largo alcance. Y para continuar con lo comenzado, llevó sus pies hasta la vagina de la joven y la tomó con devoción. Uno de los píes se quedó afuera acariciando los demonios, y el otro penetró hasta donde los dedos y la complicidad lo permitían. Todo con mucho cuidado y con la misma intensidad y ritmo que la joven. Después, uno de los pies de la joven recorrió la boca del chico. Él buscó en cada espacio una historia nueva, y en cada rincón de piel la pasión que envuelve los sentidos. Ella se sintió penetrada por todos los espacios libres de su cuerpo, y en varias ocasiones al mismo tiempo; pero estaba a gusto, esperando el siguiente desembarco.
                 Un cuerpo con dos cabezas dándose placer sin límites se podía ver sobre la playa. Ese día no terminaron de descubrirse mutuamente, porque cada vez que lo intentaban, los pies continuaba la línea del movimiento.
                 



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