" HISTORIAS ESPIRITUALES "

Esta historia que les voy a contar es absolutamente real. Todo esto sucedió hace unos 17 años. Un joven que tenía inquietudes más amplias, quería saber como era el mundo fuera de su espacio, y decidió cambiar de aire, pero tanto que se movió, que llegó a otro país. Uno mayor para sus ambiciones de búsqueda. Era joven, o por lo menos bastante joven para deambular por otras tierras no conocidas. En su país de origen dejó a una madre y una hermana. El padre estaba con él en su nueva vida, pero como si no estuviera, porque llevaba un camino diferente al suyo. Pero lo más importante de esta historia era su soledad. Abandonó el país, su país, porque de alguna forma fue obligado a marcharse. Entonces su vida se vio truncada y desecha. Pero lo fascinante y estremecedor de esta historia es lo que llegó después.
Yo lo conocía desde muchos años antes. Creo que fuimos amigos desde siempre. Tenía algunos años más que yo, y su carácter y estilo de vida, de alguna forma influyeron en mí. Era un gran amigo. Lo más importante su, sinceridad. Por él conocí que el mundo no existe, que cada día podemos crearnos uno nuevo, y seguir con nuestra vida, o incorporarnos a otra. Yo le hice la promesa de no dejar a su madre al olvido, y cada semana darme una vuelta por su casa para saber cómo estaba ella.
Al cabo de unos años, su hermana me dijo que tenía una carta para mí. Siempre me escribió directamente, pero esta vez, era una carta muy amplia, para que la hermana y yo la leyéramos en secreto. Las palabras eran sencillas y a su vez directas, no quiso dar giros innecesarios y fue al grano. Tenía una enfermedad cruel, pero que la podía mantener por muchos años si mantenía una vida sin sorpresas y calmada. Para mi amigo, una vida monótona. Al final nos decía que no le contáramos nada a su madre de toda esta historia. Su hermana y yo nos miramos y estuvimos de acuerdo en mantener el secreto. No sería necesario que la madre sufriera, porque con suerte la podía controlar.
Fueron pasando los años y yo seguí comunicándome con él, y visitando a su madre y su hermana. No recuerdo la edad exacta de su madre, pero no pasaba de los cincuenta y pocos. Era una mujer, bastante joven y fuerte. No había padecido ninguna enfermedad importante, solamente algún que otro resfriado. Y sabiendo que su hijo estaba bien en aquel país lejano, y que su vida era cómoda y estable, ella estaba aún más feliz.
Un día no cualquiera, su hermana me llamó y me dijo que me quería ver urgente. Nos citamos en un parque, algo me puso en alerta. Al parecer tenía que ver con el secreto. Dejé todo lo que tenía para el día y fui a su encuentro. La tarde parecía otra desde que nos encontramos en el parque. El sol se ocultó y la tarde de un golpe se transformó casi en noche. Su hermana se llamaba Milagros, y estaba perdida en sus pensamientos. Mi amigo había tenido una recaída y lo estaban atendiendo en su casa los médicos. Además de contarme las malas noticias, el objetivo de vernos era para tomar una decisión y pensar si contárselo a la madre o no. Mi amigo fue en realidad el que nos hizo prometer que no se lo contaríamos a su madre. En este momento no sabíamos que hacer. Yo estaba perdido, y si Milagros buscaba en mí una decisión, lo sentía mucho. Lo pensamos creo de más, pero al final decidimos mantener el secreto, hasta las últimas consecuencias.
No pasaron años, algunos meses fueron suficientes para que la salud de mi amigo se desintegrase y fuera necesario llevarlo al hospital. Yo no podía estar junto a él, estaba solo y con miedo. Por un momento no tuve el valor de enfrentar la mirada de su madre, y por algunos días a decir verdad, semanas, me alejé de su casa. Fueron los días necesarios para que mi amigo dejara este mundo y se marchara en completa soledad. Era lo que me dijo su hermana por teléfono y que me quería ver, pero esta vez me pedía que fuera a su casa. El corazón se me comprimió, no fue dolor, fue angustia.
Al llegar a su casa al abrirme la puerta, antes que mi boca dijera palabra alguna, me puso una carta en la mano. De la carta no se me ha olvidado ni una coma. Dice así:

" Mi hijo, no pienses que estás solo, estoy
contigo, y nunca te dejaré. Sé como te
sientes. Cuando llegue el momento estaré
junto a ti. Yo también tengo mi secreto.
Ahora nada ni nadie nos podrá separar,
y nos iremos juntos, cuando tú quieras. "
Tu madre.

La madre de mi amigo fue llevada al hospital en una ambulancia de urgencias, pensando que estaba inconsciente, pero se había marchado. Le diagnosticaron una muerte natural, no fue infarto, no fue nada, sólo se marchó. Ese mismo día la hermana supo que su hermano, mi amigo, se había marchado el mismo día, a la misma hora, y en los mismos segundos que su madre. Los dos se encontraron en algún plano superior, y cada uno supo del otro, yo no lo sé; posiblemente fue la fuerza del amor.
De su hermana, se me ha perdido el rastro, pero mi amigo lo encuentro muchas veces al escribir historias. Yo solamente cuento la verdad de lo que pasó, y doy fe que es más real que la vida misma.

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