<<<< "LA MEJOR HORA PARA PROPORCIONARNOS UNA AUTO-SATISFACCIÓN" (Capítulo VI ) >>>>


                Hay un ejercicio que debemos realizar para continuar el entrenamiento hacia una auto-satisfacción placentera y plena. “La imagen opuesta”, es el nombre de este ejercicio que les propongo. Consiste en poner el cuerpo de pie, frente a un espejo de tamaño igual o mayor a nuestras dimensiones. El cuerpo lo debemos ver en su totalidad, nunca cortado, ni distorsionado por ningún elemento ajeno a nuestra voluntad. Para realizar este ejercicio, antes debemos disponer el cuerpo y la mente, siguiendo los pasos que se recomiendan en el capítulo I, II, III, la preparación en toda su totalidad. ¡Recuerden que mientras más entrenados estemos, mayor será la evolución!
                Antes de enfrentarnos al espejo, y después de hacer la preparación indicada, el paso siguiente sería vestir el cuerpo sin mirarnos al espejo. ¡Las vestimentas tienen que ser nuevas! Cuando digo nuevas, me refiero a que nunca antes la han puesto sobre sus cuerpos. ¡El descubrimiento del elemento nuevo! Es fundamental escapar de las prendas llamadas “sexys”, que no son más que reclamos comerciales para conducir las mentes a su terreno. La vestimenta debe ser holgada, sencilla, y transpirable, de tejido voluble, que descanse en nuestro cuerpo y lo modele en cada movimiento. No deben llevar tintes de ningún tipo estos textiles, es preferible que sean de color natural; el blanco puro y luminoso.
                Lo fundamental es escapar del diseño común en la vestimenta del hombre y la mujer, que nos condiciona un tipo de comportamiento establecido. Dependiendo del vestuario que llevemos, así nos comportamos ante una u otra situación. La mayoría de los hombres y las mujeres de este planeta, toman la personalidad a través de sus ropajes, y se dejan llevar simplemente por ellas. Las ropas influyen de tal forma, que muchas veces parte de la violencia en la vida cotidiana, es determinada por la seguridad que nos proporciona determinada prenda. ¡Si en la política, sus representantes vistieran como simples mortales, sin tantos protocolos y acartonamientos, seguramente sus oídos serían más receptivos y estarían más cercanos a la población! ¡Si los banqueros hicieran lo mismo, posiblemente el dinero, fluyera con algo más de transparencia y equidad! ¡El vestir influye en la personalidad para bien o para mal, simplemente hay que saber elegir!
                Una especie de bata, túnica, quimono, como el quieran llamar, donde el cuerpo se sienta sin ataduras, sería la prenda ideal para descubrirnos ante el espejo, y poder actuar con libertad con la mayor naturalidad del mundo. Esta túnica blanca, debe llegar a la altura de los tobillos; y las mangas, hasta las muñecas, con un escote más abajo del nacimiento del pecho, lo mismo para el hombre como para la mujer. Solamente quedaría desnuda, al descubierto, la cabeza, las manos y los pies. ¡Recuerden! ¡No se debe de llevar ningún tipo de ropa interior! Sobre el mapa de la piel no debe haber presión alguna. ¡Todo fuera del cuerpo, cadenas, pendientes, colgantes, piercing, relojes, y demás; nada que no sea la piel y la túnica! ¡Nada de maquillajes! ¡El cabello debe de estar suelto y cepillado! Entonces, con el cuerpo preparado de antemano (capítulo I, II, III), comenzaremos la meditación, para poner la mente en  armonía con el cuerpo y el espacio que nos rodea. ¡Seguidamente nos enfrentaremos al espejo!
                En el capítulo siguiente comenzaremos por la meditación para seguir hacia el camino de “la imagen opuesta”.


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